¿Por qué terapias alternativas o complementarias en mascotas?

¿Por qué terapias alternativas o complementarias en mascotas?

Si has llegado a esta sección del blog, posiblemente piensas, al igual que yo, que los animales también son mucho más que un cuerpo físico, que este es para ellos un vehículo de paso por esta vida como lo es nuestro cuerpo para nosotros. También para ellos la enfermedad es básicamente de origen emocional. Con una particularidad: durante mis años en clínica veterinaria en Salamanca y en Madrid he podido constatar que en muchas ocasiones (no siempre, por supuesto) los animales suelen desarrollar síntomas y enfermedades semejantes a los que desarrollan las personas con las que más apegados están. Al igual que sucede con los niños, cuyos síntomas tienen mucho que ver con las cuestiones emocionales e incluso enfermedades que suelen padecer sus padres… o sus cuidadores. Siempre se ha achacado esto a la genética, y su influencia es innegable. Pero además de un genotipo tenemos un fenotipo. ¿Qué hace que sea diferente incluso en gemelos? Todos tenemos muchas posibles respuestas en mente, incluso las hemos respondido en exámenes: influencias ambientales (¡qué ambiguo y amplio!, pienso yo), nutricionales, climatológicas…. Pero también las emocionales, nuestras vivencias, cómo vivimos y sentimos lo que sucede a nuestro alrededor. Esto es de aplicación también a niños y a mascotas (estas últimas, obviamente, no comparten el genotipo de sus propietarios), que no solo se sienten a sí mismos, sino que en parte sienten y sus cuerpos expresan lo que los adultos a su cargo (o propietarios, en el caso de los animales), sienten.

También habrá quien se sorprenda por lo que afirmo, e incluso lo rechace. Incluso podrá afirmar con toda la convicción del mundo que no tiene ningún conflicto emocional. Bien, Hamer, gran médico alemán que sentó las bases de La Nueva Medicina, demostró que el conflicto (él lo denominó conflicto biológico) siempre está ahí, en personas y en animales (llevó a cabo varias comprobaciones de sus terorías también en perros, gatos y otros animales domésticos). Si bien muchas veces este permanece en el subconsciente, y por tanto permanece ignorado por nosotros. Más bien lo que demostró es que cuando hay una zona energéticamente alterada en el cuerpo físico también está alterada energéticamente la zona del Sistema Nervioso Central que la controla. Lo demostró mediante escáneres. Él comprobó, en las entrevistas que mantuvo con sus pacientes que siempre había un conflicto emocional, aunque muchas veces era ignorado por el paciente.

Quizás hoy carezcamos de medios al alcance de la mayoría de la población (incluso de la población más cercana a la ciencia) para comprobar todas las reacciones que en nuestro cuerpo tienen nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras vivencias. Pero ya son demasiadas las evidencias que lo avalan.

Podemos ignorar este hecho y tratar solo la enfermedad física. Podemos prestarle atención y a la vez que atendemos a nuestro cuerpo físico (o al de nuestra mascota) escuchamos lo que la enfermedad nos muestra de nosotros mismos, y así crecer. Elijamos lo que elijamos, es nuestra decisión y nuestra responsabilidad.

Es hora de que cuerpo y mente se den la mano. Es hora de que quienes cuidan del cuerpo y quienes cuidan de la mente se den la mano. Es hora de que todos trabajemos juntos a favor de unos mismos objetivos: la salud, al autoconocimiento, la comprensión (hacia nosotros, hacia el otro, hacia toda la naturaleza). Es hora de trabajar desde un punto de vista holístico.